El equipo de Marcelo Gallardo cayó 1-0 ante Gimnasia La Plata, que llegaba golpeado y con técnico interino. El Millonario desperdició un penal en el descuento y se fue silbado por su gente, que pidió por cambios urgentes.
La bronca y la desolación se instalaron en River. No son sensaciones momentáneas: es un estado de ánimo que se profundiza, sobre todo en el Monumental, que pasó de ser una fortaleza a un terreno cómodo para los rivales. Así como en fechas anteriores celebraron Deportivo Riestra y Sarmiento, este domingo fue Gimnasia el que se llevó todo, pese a haber perdido cinco de los últimos seis partidos.
Cada encuentro se vuelve un suplicio para River. Los hinchas ya agotaron la paciencia: primero llegaron los silbidos, luego los insultos y ahora el contundente “que se vayan todos”. Los nueve minutos que adicionó Arasa solo trajeron más dolor. En ese lapso, el árbitro sancionó un penal por un agarrón de Suso a Martínez Quarta, que el VAR confirmó. Borja, otra vez, falló la ejecución ante Insfrán, que contuvo su remate y desató la furia de las tribunas.
El colombiano, que ya había errado en la definición frente a Independiente Rivadavia, parece haber perdido definitivamente el crédito ante los hinchas. En el intento por encontrar respuestas, Gallardo volvió a mover piezas: Subiabre regresó a la titularidad tras más de un mes, en un esquema 4-3-3 con Colidio y Quintero en ataque. Pero el equipo sigue sin rumbo, con jugadores que no responden, como Castaño, que aún no justifica la confianza que le brinda el DT.
River no encuentra el juego ni la reacción. El malestar es total y el Monumental, otra vez, fue testigo de una noche llena de frustración.









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