Es difícil de comprender, pero en Talleres suceden cosas que, a esta altura, son difíciles de explicar.
El club dio un salto gigante en lo institucional y en el aspecto deportivo durante los últimos años. Se consolidó en Primera, jugó copas internacionales y se realizaron obras de infraestructura en sus terrenos.
Pero hay cosas que resultan, al menos, “raras” en este Talleres.
Luego del logro que significó el regreso del club a los certámenes internacionales, los hinchas tuvieron que observar cómo, para esas competencias, los planteles se desarmaban o los directores técnicos se marchaban, quedando el equipo en inferioridad de condiciones.
Incluso, se afrontó la última Copa Libertadores sin un técnico de experiencia, improvisando con alguien que jamás había dirigido un equipo de Primera.
En los torneos locales sucede más o menos lo mismo.
Sin ir más lejos, Talleres enfrentó la fecha 8 de esta copa con seis jugadores provenientes de la reserva, sin poder completar el banco de suplentes y sin reemplazos en ciertos sectores de la cancha.
Esto no sucede por una decisión de política deportiva, sino por la negligencia de un presidente que, para proteger ciertos intereses, deja a la buena de Dios los resultados deportivos.
Ahora, cuando ya se llevan jugadas casi la mitad de las fechas del torneo, producto de la presión y de los malos resultados, sale desesperado a pagar caro lo que queda en el mercado para intentar enmendar los serios problemas de rendimiento que tiene el plantel superior.
A esta altura, ya suena inverosímil la respuesta de que a Talleres los clubes y los representantes les piden más dinero que a otros.
Hay al menos 15 equipos mejor armados que la T en este campeonato.
Es hora de que Fassi comience a priorizar lo deportivo por sobre las especulaciones económicas. Para eso la gente lo votó masivamente en las últimas elecciones.









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